Inicio del segundo periodo lectivo de un año escolar en pandemia

El lunes 17 del presente mes hemos retomado la tarea escolar. Alumnos, alumnas y docentes hemos vuelto a nuestras actividades. Lo hemos hecho en la modalidad remota o de clases telemáticas, no virtuales, porque son clases que existen, que se realizan y que, en este periodo, incorporarán la evaluación con resultado en calificación, como fuera anunciado al iniciar el receso educativo.

El periodo vivido ha sido singular, nos ha obligado a todos a incorporar y desarrollar habilidades y competencias para poder salir adelante en el nuevo escenario que la crisis sanitaria nos ha presentado. Lo importante de este tiempo, eso sí, es que podamos rescatar de él lo positivo y transformemos la problemática en oportunidad para crecer, para aprender, para desarrollarnos profesionalmente, cuestiones que tributarán a la larga a favor del avance de cada persona, aún con las limitantes y las pérdidas que el periodo importará para cada persona y para la sociedad toda.

No obstante las dificultades y las restricciones en las que hemos debido vivir desde inicios del año escolar, se pueden vislumbrar aspectos positivos para la tarea educativa. Salir de la zona de confort que nos pudo representar la sala de clases y, en ella, una práctica más apegada a la enseñanza, para situarnos en una práctica con centro en el aprendizaje de cada alumno y alumna es una cuestión relevante, pues comenzamos a desenvolvernos en un enfoque pedagógico en la cual el alumno es el centro y constructor de sus aprendizajes y el docente un facilitador un posibilitador del mismo. Lo señalado, implica ganar terreno en el ámbito de la autonomía y la responsabilidad de los estudiantes  para con sus aprendizajes y avanzar claramente en una senda de estos durante toda la vida; del mismo modo, este cambio, obligado por la pandemia, abre espacio importante a la cooperación y la colaboración para el logro de los objetivos de aprendizaje.

En consecuencia, con lo negativo, angustiante y restrictivo del periodo se puede ver que hay dimensiones positivas que emergen de él y que deben ser aprovechadas y aprehendidas, tanto por los estudiantes como por los Profesionales de la Educación, pues éstas constituyen factores que son demandados por una educación para el Siglo XXI.

En medio de estas reflexiones, regresando del receso que nos habrá permitido recobrar energías y reflexionar acerca del impacto que un virus alcanza en los modos de vida de cada uno de nosotros para poder regresar a vivir de una manera algo distinta, con más pausa que prisa, con más respeto por el otro que consideraciones auto-referidas, con mucha mayor preocupación por el ser que por el tener, me permito invitarlos a retomar este segundo periodo escolar con mucha energía y disposición.

Hagamos de este segundo periodo, un momento para aprender en las condiciones que tenemos y enfrentamos; un instante, para solidariamente, colaborativamente, cada uno desde la función que realiza, resolver con creatividad y positivamente las problemáticas nuevas sobre las que estamos aprendiendo todos; un lugar, para el acercamiento, aún por la vía telemática, en que nos podamos observar los rostros, escuchar las voces y las sonrisas y colaboremos así a poner distinciones humanas a una tarea que busca que se produzcan aprendizajes significativos para la vida de cada uno de nuestros alumnos y alumnas.

Bienvenidos a este segundo periodo y vamos por más y mejores aprendizajes.

Víctor Schuffeneger Navarrete

Rector del Colegio Fraternidad